Cómo salí del nido

mayo 9, 2017, In: Daliamente
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Durante este tiempo me he dedicado a darles tips de finanzas, recetas fáciles, ideas de decoración, en fin, un buen de consejos para que las que viven en un Depa de Soltera puedan disfrutarlo al máximo… Pero no les he contado cómo fue que decidí salir del nido, proceso que me hizo cambiar y ver la vida de diferente manera.

Resulta que la carrera que decidí estudiar, en ese entonces, sólo la daban en dos planteles de la UNAM y cualquiera de las dos opciones me quedaban súper lejos de mi casa. Después de muchos años de ir y venir todos los días, hacer varias horas de camino, de salir de casa a las 4:30 am, regresar por la noche y llegar a hacer tarea, mis papás apoyaron la idea de rentarme un depa que quedaba muy cerca del campus. Claro, no fue cosa sencilla convencerlos, tuve que hacer muchos méritos, ganarme su confianza y que ellos se dieran cuenta de que ya no estaba teniendo el mismo rendimiento en la escuela por las pocas horas de descanso y las largas horas de trayecto. Fue entonces cuando todo comenzó…

 

El depa de estudiantes.

Cuando por fin tuve el permiso y el apoyo económico de mis papás, me dediqué a buscar roomies y me enteré de unos compañeros que tenían una habitación disponible. Ni tarde ni perezosa, empecé a planear mi mudanza, pero cuál va siendo mi sorpresa, pues mi mamá no me quiso comprar otra cama para mi nuevo cuarto, sin embargo, eso no me detuvo para agarrar todas las cobijas y colchonetas que pude y emprender mi pequeña mudanza. Les digo que fue pequeña, porque literalmente no llevaba nada de muebles, sólo mi ropa, el material de la escuela y un montón de cobijas.

Llegué a mi nuevo cuarto y estaba todo vacío, pero poco a poco aquello fue tomando forma. Lo primero que hice fue comprar unos huacales para poder tener más organizada mi ropa y mis productos de cuidado personal, después la tía de una amiga me prestó una mesita de jardín para hacer mi tarea y un colchón de hule espuma. ¡Eran la gloria!

En general todo el depa era bastante humilde, porque #estudihambre, sin embargo, en ese momento yo ni siquiera me daba cuenta de que estuviera feo el depa, ya que me sentía feliz de probar un poquito de libertad, de estar fuera de casa de mis papás y, obviamente, de ya no tener que hacer largos recorridos para llegar a la universidad.

Me encantaría poder compartirles fotos de aquel lugar, pero en esos tiempos la tecnología no daba para mucho, así que imagínenselo: teníamos un refrigerador bastante viejo color amarillo que hacía más ruido de lo que realmente enfriaba, por supuesto siempre estaba vacío y lo que llegábamos a encontrar a veces ya estaba echado a perder. Nuestra sala constaba de un sofá viejo y feo, que uno de mis roomies llevó, una televisión vieja y un carrito de supermercado, que nunca supe cómo llegó ahí. Al baño le faltaba la regadera y no funcionaba la llave de agua caliente, así que si te querías bañar, tenías que hacerlo a jicarazos.

Mis roomies, dos mujeres y un hombre, eran un poco… digámosles… alternativos-hippies; yo, muy distinta a ellos, tuve que encontrar la manera de acoplarme a sus estilos de vida y costumbres. Los miércoles jugábamos Wii y bebíamos un par de cervezas. Nos turnábamos para hacer la limpieza, aunque generalmente yo siempre terminaba limpiando, al parecer ellos no tenían ningún problema con vivir en un depa sucio, yo sí. Cuando era final de semestre a nadie, ni a mí, nos importaba cómo estuviera el depa, nos desvelábamos terminando proyectos y estudiando para los exámenes.

En esta etapa descubrí que amaba la idea de independizarme, lamentablemente, aún me faltaba terminar un año más de universidad y la titulación. Sin embargo, la idea nunca se me salió de la cabeza.

Cuando salí de la universidad me vino una depresión fuerte, pues pasé de ser estudiante a desempleada. Tiempo después conseguí mi primer empleo formal en mi área, pero por ser recién egresada, me pagaban muy poquito, no me importó, lo acepté. Ahí conocí a la que sería más adelante mi roomie.

 

Mamá, papá, me voy de la casa.

Después de un tiempo trabajando, surgió la oportunidad de irme a vivir con mi compañera de oficina, me caía bastante bien, así que me pareció excelente idea dar el siguiente paso: Salir del nido. Hice cuentas, platiqué con mi compañera y todo pintaba bien… Sólo me faltaba decirle a mis papás.

Un día llegué a mi casa y, sin pensarlo mucho, le dije a mi mamá que ya era hora de salir del nido, que me quería independizar y que ya tenía todo listo para realizar mi mudanza.

Mi mamá al principio no me creyó, después le cayó el veinte y se puso a llorar. Recuerdo exactamente sus palabras:

Me da gusto que hayas tomado esta decisión, no voy a detenerte, al contrario, te apoyaré en lo que necesites para que hagas esto que hace tanto querías. Recuerda los valores y la educación que te dimos en casa, es momento de que los pongas en práctica y te hagas responsable de tus decisiones. Esta siempre va a ser tu casa si decides regresar y cuenta siempre con nuestro apoyo.”

Dan ganas de llorar sólo de recordarlo.

A mi papá le avisé como 3 días antes de que fuera la mudanza, quizá porque tenía un poco de temor de cómo fuera a reaccionar, al final lo tomó bastante bien y no hubo ningún problema. Es por eso que yo siempre les voy a recomendar que cuando vayan a salirse del nido, platiquen con su familia de la mejor manera y que procuren no irse enojados ni peleados.

 

La casita en la azotea

El depa estaba a unas cinco calles de la oficina. Era un depa bastante chiquito que se encontraba en la azotea de un edificio de la colonia Narvarte, lo suficiente para dos personas y con lo necesario para emprender esta etapa.

El ultimo suspiro del día… 8-Ago-2012

Una publicación compartida de @daliapix el

Este lugar me encantaba porque teníamos una vista increíble de la ciudad, nuestro vecino era director de la Filarmónica de Bellas Artes, los sábados ensayaba, así que despertábamos con la música de los violines en vivo. Era un edificio bastante tranquilo y buena onda. La ubicación era perfecta porque tenía todo cerca: el trabajo, el mercado, el banco, el Metro, el Metrobús, el parque y hasta el gimnasio.

Aquí aprendí a ser independiente, a cocinarme, a cuidar de mis enfermedades, a enamorarme y a consolarme las heridas del corazón, a administrar mi dinero, a comer atún todos los días en sus diferentes presentaciones y hasta amar los mercados de muebles usados.

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Antes de mudarme con mi roomie, platicamos sobre los gastos y las reglas para procurar una sana convivencia, al principio todo fue risa y diversión, pero la realidad es que pasó poco tiempo para que estas reglas se violaran y la convivencia cada vez se tornara más insoportable, aquello se convirtió en una lucha horrible por el espacio y las cosas que nos parecían injustas una de la otra.

Yo por mi parte, conseguí otro empleo, en donde me pagaban un poquito mejor y con un poco más de “seguridad económica” decidí ir en busca de un depa para mí solita. Ya no soportaba estar un segundo más con mi roomie. Las cosas no fueron fáciles, pues no encontraba ningún lugar que se apegara a mi presupuesto y tampoco quería regresar a casa de mis papás, así que le pedí a mi hermano y a mi cuñada que me dieran chance de quedarme un mes con ellos mientras conseguía a dónde irme a vivir. Los dos super buena onda me arreglaron el cuarto del bebé que venía en camino y me lancé con todos mis triques.

El problema vino cuando al poco tiempo de mudarme con ellos, me corrieron del trabajo, corté con el noviecito que tenía, me atropellaron mientras iba en mi bici, lo único que faltaba era que me orinara un perro… Me deprimí horrible. El mes que le pedí posada a mi hermano, se convirtieron en 9 meses, nació mi sobrinito, lo bautizaron y aprendió a caminar y yo seguía ahí. Bueno, no fue del todo malo, pues viví con ellos momentos increíbles y disfruté a mi sobrino más que nadie de la familia.

Un buen día después de rezarle a todos los santos del empleo y de mandar mi CV a un sinfín de lugares, encontré un nuevo trabajo. Apenas pasaron tres meses, junté un dinerito y me lancé a la búsqueda de mi Depa de Soltera.

El Depa de Soltera.

Un buen día regresaba del trabajo y caminando rumbo a la casa de mi hermano me encontré con un depa en planta baja que estaban reparando, no tenía ningún letrero de “Se Renta” ni nada, sólo había un hombre adentro que estaba pintándolo. Me asomé y le pregunté que si lo pondrían en renta y me contestó que sí. En cuanto lo terminaron de reparar el señor me habló y firmamos el contrato.

Aquí comienza mi aventura de vivir completamente sola.

Al principio fue muy complicado, tuve que hacer gastos que no tenía contemplados y mis finanzas se fueron a pique. En ese momento quería abortar la misión de vivir sola y regresar a casa de mis papás. Comencé a sentir esa horrible sensación de angustia y ansiedad de pensar en todos los gastos que se me venían y de pasar mis próximos días completamente sola. Fue un proceso de adaptación largo y difícil, pero conforme fueron pasando los días, semanas y meses todo se convirtió en pan comido. Hubo días de mucha soledad, otros de mucha felicidad… ninguno de los dos los cambiaría por nada.

Depa de soltera1

Aprendí mucho en mi Depa de Soltera, todos los días fueron una nueva lección y, a base de prueba y error, fui aprendiendo cosas básicas del hogar y otras cosas más complejas como lidiar con el silencio absoluto de mi depa después de un día largo de trabajo o soportar la tristeza de las rupturas de amor o procesos difíciles de enfermedad.

Las cosas en mi Depa de Soltera tomaron diferentes matices, las experiencias y peripecias que pasé forman parte importante de lo que soy, unas me ayudaron a ser más fuerte, otras simplemente pasaron, no valía la pena atarme a ellas. Voltear hacia atrás y ver lo mucho que he crecido como persona me llena de orgullo. Las palabras que mi mamá me dijo ahora tienen todo el sentido del mundo y las llevo a todos lados donde vaya.

depa de soltera 2

Aún falta mucho por contarles, por ejemplo, cómo superé esos ratos de tristeza o enfermedad en mi depa, todas esas experiencias que le dan vida a este blog, que escribo para ustedes, para que también se atrevan a vivir las suyas propias. He reflexionado bastante y sin duda, de todas las decisiones que he tomado, salirme del nido ha sido la mejor, así que no se pierdan las siguientes entradas que les tengo preparadas.

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