Depa de soltera… Mi hogar

noviembre 30, 2017, In: Daliamente
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Por: Iv. St. Flo

Hi home! La frase que suelo decir cuando llego a “casa”.

“La palabra hogar se usa para designar a un lugar donde un individuo o grupo habita, creando en ellos la sensación de seguridad y calma. En esta sensación se diferencia del concepto de casa, que sencillamente se refiere a la vivienda física” Recuperado de: https://es.wikipedia.org/wiki/Hogar

Prestada, rentada, comprada o heredada; una casa es un espacio físico que nos permite resguardarnos del entorno, ese lugarcito que de alguna forma nos conseguimos. Hogar… mmm tal vez para unos cuantos un hogar sea una familia (grupal y físicamente hablando) un conjunto de individuos que comparten ese espacio físico, pero también experiencias y momentos. Creo que muchos ni se imaginan que “una”, en su Depa de Soltera, posee su hogar; porque eso es lo que formamos cuando por decisión o destino (como haya sido el caso o como lo llames), nos aventuramos a vivir solas.

¿Y cómo una sola personita crea su hogar? Creo que no es tan complicado, porque en realidad no estamos “solas”, es decir, somos quienes somos gracias a una familia, un contexto, un cúmulo de experiencias que hemos coleccionado a lo largo de nuestras vidas; la educación y los valores (o la falta de ellos), nos han hecho ser quienes somos; creo también que todo eso nos llevó de alguna forma (positiva o negativa, porque de todo hay en la Tierra) a vivir “solitas”. Pero entonces ¿estamos solas o no? En lo físico, claaaro, gran parte del tiempo que pasamos en casa, puede que sea solas, pero en esencia no. No siempre; es decir, según nosotras, somos independientes, maduras, tomamos nuestras propias decisiones; para rápido… ¡nos mandamos solas!, pero, ¿cuántas veces nos ha sucedido que hemos dejado los zapatos botados, la ropa desordenada, los trastes sucios, y al poco rato te cachas auto regañándote y mandándote a recoger, acomodar o limpiar. Pues sí, muy solitas, muy solitas, pero ahí vamos con nuestro morralito de “moral” que nos cargamos al emigrar del nido, o sea que todos esos hábitos, costumbres, nuestra personalidad, nos hacen darle forma a nuestro hogar, como decía el niño de la película Cheque en blanco: “mi casa, mis reglas” y así es, cuando vives con alguien, las decisiones se consensan, pero al vivir solo, puedes compartirlas con tu familia, tu pareja o tus amigos, recibir sugerencias, pero al final, tú decides si pones o quitas, y como en esa misma película, muchas veces la regamos, las decisiones que tomamos no siempre son las acertadas, o caemos en los errores por la misma emoción de poseer un espacio propio, como muchas de nosotras siendo niñas o adolescentes, ya imaginábamos que sería.

Y bueno, qué más puede hacer a nuestra casa, nuestro hogar… adornar, acomodar, dormir, limpiar, flojear, cocinar, estudiar, trabajar; vestidas formal, en fachas o prendas menores… sin nada; descalzas, en pijama, con zapatillas; comiendo, desayunado o cenando en la mesa, en la sala, en el piso o la recamara; a nuestro gusto, ¡sin recato!.  Porque qué rico es ponerte tus horarios y rutinas y no respetarlos si te da la gana; el disfrute de un momento a solas, una ducha sin presiones, un cafecito si te apetece, un vino tinto bien frío, sentirte libre, plena y feliz por poder tener casi todo de tu color favorito. Y qué emoción, preparar algo para las visitas…un trocito de ti, para compartir.

Porque crear ese hogar, ese nidito, es acoplarse a hacerlo sola, pintar paredes del color que más te gusta aunque las revistas digan que no es el color de temporada, acomodar tu cama donde te plazca, mudarte de recámara, mover y regresar todos los muebles hasta sentirte cómoda, vaciar el aromatizante de ropa en la lavadora para tener sábanas perfumadas, hacerte responsable de la higiene del baño, de la cocina, los trastes, la ropa; surtir la despensa, pagar la luz, el agua; disfrutando esos momentos de comunicación contigo, o sufrirla porque el trabajo te absorbe y hay días en que sólo llegas a dormir, no hay tiempo para la limpieza, para la despensa, ni ganas de tender la cama. No hay nadie que te diga “apaga la luz, duerme temprano, es hora de comer”; no te estresas por andar decente para no incomodar a los demás.

Acoplarse a vivir sola es ingeniártelas para librar muchas cosas, porque  tampoco hay quien te pase la toalla que olvidaste para secarte, que revise porqué no sale agua caliente a medio baño, que te explique porqué no funciona algo, o peor aún, alguien que saque a los invasores, esos bichos de los que nunca superaste tus miedos, y ahora solo tú puedes hacerlo buscando estrategias para no morir en el intento, escobas, trapos, ropa, un casco o trastes de la cocina como escudo, tu frazada como capa anti ataques. Es armar un directorio de ¡todo! el gas, la pipa del agua, el plomero, el carpintero, el mecánico, la pizzería más cercana; ubicar las tienditas, la farmacia y las garnachas de paso. ¿Y si se descompone algo? te inventas hermanos o galanes (tus amigos) para que el plomero o el electricista no sepan que vives sola, pero algo genial de todo esto, es que te das cuenta de las personas con las que cuentas para echarte la mano, para llevarte a buscar un cerrajero porque olvidaste las llaves, para cargar el garrafón porque pesa más que tú, mover muebles gigantes, o simplemente buscar la forma de llegar a tu casa aunque vivas lejísimos.

Podría seguir pasando horas mencionando sinfín de cosas que vivimos en esta etapa, como sentirte feliz porque encontraste los accesorios de baño que buscabas, porque en los intercambios, rifas o regalos de fin de año, recibiste un sartén, una batidora, toallas, un martillo o un desarmador; también es aburrirte de escuchar las mismas frases, ¿por qué vives sola? ¿no te da miedo? ¿no te quiere tu familia o tú no los quieres? ¿y qué haces tooodo el día? ¡Ay, seguro ni gastas!, ¡tú no sabes lo que es preocuparte, no tienes hijos! etc. Y ya ni hablar de la satisfacción de sentirte plena y libre.

Un “Depa de soltera”, lo vives, lo sufres… sin duda, ese sentimiento llega; cuando nos enfermamos, lastimamos, estando chipil o queriendo mandar todo a volar, volteas y en el mejor de los casos, está el perro o el gato; a veces sólo requieres un abrazo y desearías estar en cualquier otro sitio, pero justamente eso lo hace ser…tu hogar; estás tú y tus decisiones, con sus ventajas y desventajas… ahí estás tú arreglándotelas, luchando por lo que has cimentado, porque todo tiene su recompensa, ¿qué tal ha costado?.

Vivir solo, no es estar solo, porque tengas la edad que tengas, seas quien seas…eres tu familia, eres tu hogar.

Y para finalizar: Escucha “Casa” de Natalia Lafourcade.  Que tal vez hable de otra cosa, pero… “Voy a proteger mi casa, cuando estoy ahí, siento tranquilidad, y pondré unas flores, en la mesa…”

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