Después de la tormenta…

octubre 31, 2017, In: Daliamente
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A veces me cuesta trabajo entender los giros que la vida da. Un día te encuentras en tu oficina, deseando estar en otro lugar porque ese ya no te satisface y tampoco representa un crecimiento profesional. Todo en tu vida parece estar resuelto pero también parece una rutina de la que ya estás cansado. De pronto en un abrir y cerrar de ojos, ya no estás en aquel lugar, en aquella casa, ni con esa persona que amabas. Eso exactamente fue lo que me pasó a mí.

Todo parecía ya estar resuelto en mi vida, sin embargo había cosas, personas y situaciones que no me hacían del todo feliz y que hasta incluso estaban afectando mi salud física y emocional. De pronto el truene con mi novio, el despido de mi trabajo y la traición de los que se decían ser mis amigos, me orillaron a tomar la decisión de regresar a casa de mis papás, un tanto rota y un tanto liberada y feliz.

Ha sido un proceso difícil y doloroso en el que aún estoy trabajando, sin embargo todas estas situaciones me han llevado a reflexionar que cuando algo ya cumplió su cometido en tu vida para dejarte una lección, el universo se encargará de quitártelo para ponerte nuevas pruebas que te hagan crecer, si la lección no se ha aprendido, entonces de igual manera el universo te pondrá a las mismas personas en diferentes cuerpos para que vuelvas a vivirlas. La clave creo, está en saber perdonar y en amarse a uno mismo para no permitir que nadie quebrante tu integridad.

Regresar a casa de mis papás después de haberme salido hace más de 5 años, no ha sido nada sencillo, sin embargo así lo decidí, porque sabía que emocionalmente no me encontraba preparada para tomar algunas decisiones. Poder contar con el apoyo de la familia es siempre maravilloso, es por eso que siempre les recomiendo que se salgan de casa de sus papás en los mejores términos. No por conveniencia, sino porque nunca se sabe cuando será el último día que podamos convivir con ellos. Esta reflexión también me vino después de aquel temblor del 19 de septiembre en la Ciudad de México.

Muchas de ustedes me escribían para contarme que por alguna situación personal, de salud, de trabajo, etc, tenían que regresar a casa de sus papás, pero que eso las llenaba de miedo y un poco de vergüenza, ya que haber dado el paso a la independencia les había tomado un largo camino de valor y esfuerzo y que regresar a casa de los papás para ustedes significaba dar un paso hacia atrás. Yo sin saber que tiempo más tarde me encontraría en esa misma situación, siempre les decía que hay veces que necesitamos regresar al nido para recobrar fuerza y volar más alto. Claro que no es lo mismo decir las cosas que vivirlas, ahora era yo la que estaba regresando a casa de mis papás. Sin embargo, en este proceso de sanarme, procuro mantener esas mismas palabras en mi interior.

Después de vivir mis duelos, de permitirme llorar, quebrarme y conocer mi oscuridad, veo las cosas con más claridad, y si me preguntan si cambiaría algo de mi pasado o de mis decisiones, con firmeza les digo que no, que volvería a vivir todo como lo he hecho hasta ahora, porque de esas malas y buenas experiencias soy la mujer que soy ahora. Aprendí a amarme más, a reconocer más mis logros, a juzgarme menos, a aceptarme tal como soy, a ser más consciente, a perdonarme, a reconocer a la gente que de verdad me ama a pesar de mis malos momentos y malas decisiones, y también a soltar personas y cerrar ciclos.


Si tu estás pasando por alguna situación complicada en tu vida, vívela y recuerda que todo pasa, que eso que está sucediendo es para dejarte una lección y es una oportunidad para ser mejor persona. Recuerda que después de la tormenta siempre vendrá la calma, solo ten paciencia contigo misma y permítete equivocarte sin juzgarte.

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