El día que me atreví …

febrero 2, 2016, In: Daliamente
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Me sentía igual que tú, un poco desesperada, un poco harta de dar explicaciones. Ansiaba vivir sola pero no porque ya no aguantara a mis papás, sino porque quería demostrarme a mí misma que podía hacerlo, que era lo suficientemente fuerte, lista y responsable como para hacerme cargo de mí y mi vida.

Finalmente me decidí una mañana; haber vivido en casa de mis papás tanto tiempo me había permitido ahorrar una buena cantidad de mi sueldo, bastaría con eso para empezar. Casi me fui sin fijarme a donde; una amiga buscaba con quién compartir gastos de su depa y pensé que esa era mi oportunidad. La habitación que tenía disponible no era para nada un lujo, apenas cabía mi cama, el closet y una mesita de noche; afuera había un baño diminuto y una cocina… suficiente para empezar, total casi todo el día lo pasaba en la calle.

Tuve que partir con lo necesario, tuve que dejar recuerdos y objetos que valían más por lo que significaban para mí que por su valor en sí. Porque cuando eliges algo, sueltas lo demás, las decisiones nos obligan a aferrarnos con todas las ganas a un sueño, pero renunciar a todo lo demás.

Poco a poco fui aprendiendo a convivir con mi soledad y conmigo, a no tener a alguien que hiciera las cosas por mí, a organizarme y a calmar las ganas de regresar corriendo a casa de mis papás y hasta de soportar sola las tristezas que dejan las rupturas amorosas.

Tiempo después pude mudarme a un lugar mejor, más grande, pero sin exagerar, porque también aprendí que se debe buscar lo que se necesita; lo mejor es que tenía que olvidarme de las discusiones con mi roomie. Ahora me enfrentaba a un nuevo reto, vivir completamente sola.

Poco a poco fui amueblando mi pequeño departamento, aprendí a cocinar algunas cosas, mejoré mi alimentación y descubrí que era capaz de memorizar lo que hacía falta en casa, lo que estaba a punto de caducar o lo que necesitaba para la comida de mañana; hasta pude vencer muchos miedos y descubrirme el talento que tengo para el manejo de las herramientas que antes pensaba que sólo eran para los hombres.

El principio fue caótico, es cierto, aprendí a levantarme a la hora, a tener la casa limpia y ordenada, a pagar las cuentas puntualmente y a priorizar. Las plantas ya no se morían, pude llenar de vida mi casa y de vez en cuando darme el lujo de invitar algún amigo a cenar algo que yo misma había preparado.

No sé si sea la decisión más valiente que he tomado en la vida, pero sí sé que me hizo fuerte y sabia. Sé que fue el principio de una gran cadena de retos y aventuras que apenas empieza. Me dejó conocerme a mí misma, entenderme y quererme más.

Tuve miedo, como a todo cambio; pero lo mejor vino cuando escuché decir a mis padres que se sentían orgullosos de mí. Flomax without prescription