Mis primeros días fuera del nido

mayo 18, 2017, In: Daliamente
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Es increíble lo que la música puede hacernos sentir, por decir, hoy mientras escuchaba una playlist, sonó una canción de The XX, una banda que escuchaba día y noche cuando me fui de casa de mis papás, lo que me trajo una oleada de recuerdos, como un flashazo de momentos que siento que apenas viví ayer y la nostalgia me invadió por completo. Me hizo revivir cada momento que no quiero que se me escape, volví a sentir el ambiente de aquel lugar y todos los olores que ahí había. Sin duda esta banda detonó todo este sentimiento de añoranza y quiero compartirles cómo fueron mis primeros días de independencia.

Cuando me fui a vivir a aquel departamentito en la azotea, me sentía plenamente feliz, me sentía realizada, me sentía más inspirada que nunca, me emocionaba escribir y salir en bici a cualquier lugar, sentía que por fin estaba cumpliendo ese sueño de independencia y “libertad”. No había cosa mejor que sentarme en un huacalito, fuera del depa, a contemplar el atardecer que caía sobre el WTC y ver pasar los aviones, me hacía pensar que podía comerme al mundo, que era invencible y tan pequeña a la vez.

Me olvidé de lo que significaba “largos trayectos en transporte público”, y me encantaba la idea, pues tenía tiempo de sobra. Mi trabajo me quedaba a 5 calles, en la mañana me iba en bici y a la hora de la comida salía a toda velocidad a comer a mi casita, comía sola porque mi roomie casi no estaba, pero lo disfrutaba. Me gustaba sentarme a comer en la mesita que me había regalado mi mamá y prender una radio chiquita, que también me obsequió mi mamá, o simplemente comer en silencio, tranquila y relajada.

La casita del amor, como le llamábamos mi roomie y yo, olía a nardo, la flor que más comprábamos y poníamos en todo el depa. En el baño teníamos una lavanda y un montón de juguetitos viejos que se iban sumando cada vez que mi roomie visitaba el mercado de pulgas. En la sala había una hamaca comlumpio, ahí me gustaba sentarme en las tardes lluviosas, veía a través de las persianas las gotas deslizarse por el vidrio mientras pensaba en cualquier cosa.

Nunca olvidaré a la gatita de mi roomie que era un desastre, siempre arriba de las repisas de la cocina, sobre los libreros, corriendo todo el tiempo. Cuando yo llegaba del súper con mi mandado, más me tardaba en ponerlo sobre la mesa, cuando la gata ya había robado el jamón o tirado los huevos, era una verdadera lata. Me acuerdo que un día nos llevó una cucaracha gigante como tributo, mi roomie y yo estábamos vueltas locas gritando y brincado por todo el depa porque la cucaracha seguía viva. ¡Qué asco!

Hubo buenos momentos con mi roomie. Tengo muy presente aquellas noches cuando nos daba por salir a comprar cervezas y escuchar a Lucía Méndez porque #dolidas… Era una convivencia súper padre… Hasta que empezaron a molestarnos cosas una de la otra y todo se volvió una continua pelea por todo, porque yo hacía mucho ruido en la mañana, porque ella no limpiaba la arena de la gata, porque yo no dejaba dormir a sus amigos que ella invitaba a quedarse en el sillón, porque ella no limpiaba cuando le tocaba el aseo, porque yo no cerraba las ventanas y la gata se salía… en fín, todo lo que fue amor y buena vibra pasó a ser un verdadero ring de box.

Amaba los fines de semana cuando mi roomie se iba a casa de su mamá en Puebla, yo aprovechaba el depa para mí solita, pedía comida a domicilio, me echaba a ver pelis, me iba al súper, limpiaba y hasta cocinaba. Eso sí, nunca faltaban las risas y los gritos de los hijos de Doña Mary, la portera, siempre andaban en calzoncitos corriendo por toda la azotea, me gustaba verlos jugar. Un día olvidé las llaves y con ayuda de Doña Mary, metimos a uno de los chamaquitos por la ventana para que pudiera abrirme desde adentro, al pobre casi se le atora la cabeza en los barrotes de la ventana, pero al final la operación fue todo un éxito. En esos fines de semana en donde sólo estábamos el depa y yo, me di cuenta que me gustaba más estar solita que vivir con alguien.

Fueron buenos tiempos con altas y bajas y no los cambio por nada. Esta sonrisa que se me ha dibujado en el rostro al recordar aquel depa en la azotea mientras escucho a The XX significa algo bueno. Podría seguir contando anécdotas de mi primer depa y de todo lo que pasé, pero me gustaría saber, ¿si ustedes tienen alguna canción o banda que les traiga el recuerdo de alguien o de algún lugar?