Si ya llegó la hora de abandonar el nido y del miedo que tienes haces como si la Virgen te hablara, te aconsejo no temer más y ponerle atención a estos consejos que te van a caer como si fueran del cielo.

Empezando de lo general a lo particular, puedo aconsejarte que hagas un cálculo del ingreso económico que tienes al año para ver el tipo de depa que te conviene buscar y así en un futuro jamás atrasarte con la renta, o tener que dejar de cenar. No olvides incluir el depósito que te van a pedir en un principio, en caso de que suceda algún daño o improviso al depa durante el tiempo de tu estancia, éste cubrirá el daño o cierto porcentaje. Es básico elegir la zona que mejor te convenga (de preferencia que quede cerca del trabajo, así será un buen deal), en cuanto a costos y necesidades; si tienes coche, que incluya estacionamiento, o si tienes bici, que todo se encuentre cerca y no sea complicado el traslado. Un tip importante es que hagas más de una visita al lugar donde estés pensando vivir, ya que tienes que revisar que no haya reparaciones pendientes y que todo funcione de maravilla, incluyendo las instalaciones de los servicios básicos; como electricidad, agua, drenaje, etc. No olvides averiguar si cuenta con vigilancia o si los servicios de mantenimiento, agua y gas están incluidos en la renta o si van a correr por tu cuenta. Es importante estar al tanto de las situaciones que vas a experimentar en tu ambiente día con día, incluyendo la hora pico del tráfico o si los vecinos tienen 2 horas de clases de batería en la tarde. Como dato adicional, recuerda que el pago del predial le corresponde sólo y únicamente al dueño del inmueble. 

Ya entrando más en detalle en cuanto a aspectos legales y formales en este asunto de la renta, se te va a pedir una copia de alguna identificación junto con un comprobante de tus ingresos, básicamente para que los dueños puedan estar tranquilos sabiendo que vas a estar al corriente con tus pagos y que no les vas a fallar.

Finalmente, lo más importante e imprescindible a la hora de tratar sobre una renta y del que nadie se salva: el Contrato de Arrendamiento. Este contrato puede ser tu peor enemigo (en caso de no leerlo detenidamente) o tu mejor aliado (si te pones las pilas). Este contrato resume las condiciones y responsabilidades tanto del propietario como del inquilino. Es ahí donde se hace oficial la cantidad de renta que se va a pagar, cuál es la fecha de inicio y final de tu estancia y qué pasaría si una de las partes decide no cumplir con lo acordado. También aquí se menciona quién es el responsable de pagar los gastos públicos, si se permite tener mascotas, entre otras cosas que el propietario decida especificar.

Hay algunos propietarios que te piden tener un aval, alguien que en caso de que tú no puedas cumplir con los pagos, se haga responsable de pagar por ti.

Y si de plano eres muy clavado, puedes llegar a tener un seguro de inquilino, el cual se encarga de asegurar todas tus pertenencias en caso de que algo les pase. 

Como les mencioné, no olviden leer detenidamente este contrato de arrendamiento, porque ustedes van a ser responsables legalmente de lo que diga (lo lean o no) y también guarden una copia en caso de que les quede alguna duda, porque manas ni el Señor, ni nadie, podría ayudarlas en caso de que algo salga mal.

Y ahora sí extiendan sus alas y emprendan el vuelo, queridos.