Tengo miedo de salir a la calle y no volver.
Tengo miedo de elegir ropa que pueda provocar miradas lasivas y tocamientos.
Tengo miedo de que mi fuerza no sea suficiente para defenderme y que mi voz no sea escuchada en un desgarrador grito de auxilio.
Tengo miedo de conocer a un chico y no saber si me va violentar física y psicológicamente. 
Tengo miedo de subirme a un taxi pensando que es una ruleta rusa de donde posiblemente no salga viva.
Tengo miedo de caminar sola a cualquier hora por la calle.
Tengo miedo de expresar lo que siento o pienso por temor a recibir burlas o amenazas machistas.
Tengo miedo de ir de fiesta con mis amigos y que ellos se conviertan en mis agresores o cómplices.


Tengo miedo de no volver a ver a mi madre, a mi hermana, a mi cuñada, a mis primas, a mis tías, a mis sobrinas, a mis amigas, a mis vecinas… a ti.


Tengo miedo de que la bendición de mi madre y de mi abuela no sean suficientes para salir sola.
Tengo miedo de ser amable con un hombre y que eso le dé motivos para abusarme.
Tengo miedo de tener valor para denunciar y ser archivada e ignorada. 
Tengo miedo de que me culpen si algo me pasa.
Tengo miedo de sentirme con suerte de llegar sana y salva a mi casa, cuando debería sentirme tranquila solo porque vivir es mi derecho.

Tengo miedo de que me violen.

Tengo miedo de que me maten.

Tengo miedo de que me desaparezcan.

Tu miedo es también el mío, es también el de las mujeres a quienes callaron y a quienes les apagaron los ojos.

Vivir con miedo no es vivir, por eso decido gritar y jamás volverme a callar, por eso decido respetar las formas de lucha de las demás. 

Gritaré incluso por ti que no crees o estás de acuerdo con “las formas”, porque la realidad es que todas somos blanco del machismo y no por no ser feminista o apoyar, te pone a salvo de ser golpeada, violada, asesinada y/o desaparecida. Todas vivimos inseguras y esta realidad es de todas sin importar tu clase social, color de piel o nivel académico.

Me quiero viva, te quiero viva. 

Seguiré esta lucha no solo hoy, sino todos los días porque si algún día tengo un hijo quiero que crezca sabiendo que todos debemos respetar el derecho de la vida de los demás. Y si algún día tengo una hija quiero que se vaya a la primera señal de abuso, que nunca sienta miedo de hablar, de reclamar su autonomía, su validez como mujer y que nunca pese más el miedo, el qué dirán, la presión social o el compromiso de un falso amor; que crezca fuerte, valiente, decidida y que nunca su voz sea callada.